Este verano he puesto rumbo a Navarra, a Pamplona concretamente, para participar de un proyecto pionero en Europa: la primera escuela de verano para niños con autismo de la Asociación Navarra de Autismo.
Una iniciativa que se basa en el método TEACCH, una enseñanza estructurada donde todo se encuentra previsto: las actividades diarias, las actividades a realizar y las terminadas, y cuando serán las actividades preferidas. A través de las agendas de pictogramas, los niños saben en cada momento lo que toca hacer y lo que tocará después.
Cada pequeño tiene un voluntario, el cual se encarga de estar con el toda la mañana y de realizar las actividades, a la vez que se establece un vínculo afectivo y de complicidad. Trabajamos, jugamos, realizamos actividades que gustan a cada niño y fomentamos los hábitos de higiene, pedir las cosas por favor y dar las gracias, al igual que respetamos algunas normas establecidas.
Cada día es totalmente diferente y te vas acercando al mundo de estos niños, cada uno con sus particularidades. Vas aprendiendo de ellos, de cada uno, y te das cuenta que una semana es muy poco tiempo, pero el suficiente para saber que todos los mitos que cuentan sobre el autismo son inciertos. El tiempo suficiente para aprender a mirar de una forma diferente, pero increíble: mirar a los ojos de una persona con autismo es descubrir la pureza, el cariño, el afecto, la comprensión, la ayuda, la angustia, el temor, la empatía...
Es una experiencia única, y esa experiencia la narra de una forma magnífica su directora, Amaya Áriz, que por su niño y por todos los niños con autismo ha levantado este proyecto. Y nosotros hemos contribuido a ello con nuestra dedicación.
El relato se presenta al Concurso "Cuéntame el autismo" de la Federación Autismo Madrid, lo podéis leer aquí:
y podéis votar con un "me gusta" si os ha encantado, como a mi me pasó la primera vez que lo leí.
Gracias Amaya.











