¿Quién dice que los niños con autismo no expresan sus sentimientos? Pues SÍ lo hacen. Y os cuento varias experiencias que tuve con un niño autista en el colegio donde estudiaba.
Solía ir muchas veces a las clases de Infantil para echar una mano a la seño, pues era la primera vez que trabajaba con un pequeño así y, aunque le costaba, se adaptó, se implicó, trabajó y lo quiso como a todos sus alumnos. Y nos contagió tanto que teníamos pasión por él.
Nuestro pequeño, aunque no se comunicaba verbalmente, se expresaba de otras formas: ruidos que nos alertaban de sus estados de ánimo, abrazos que daba a sus compañeros, risas maravillosas cuando le hacían cosquillas, y algunas veces articulaba palabras. Además era muy inteligente:
Los pegamentos de barra le gustaban mucho, sobre todo porque se los metía en la boca, cosa que le impedíamos cada vez que le veíamos las intenciones. En una ocasión, había un pegamento de este tipo encima de la mesa de la seño. Él se subía al escalón y se ponía enfrente de la mesa, y cuando la seño no miraba... zas! alargaba la mano para coger el pegamento.
Otra situación parecida fue con unas tijeras. La seño, viendo que se podía hacer daño, guardó las tijeras en una caja, que puso en una estantería. Pues tal fue lo que maquinó, que cogió una silla, la puso delante de la estantería, se subió y llegó a la caja. Finalmente, la seño tuvo que poner la caja en un sitio más alto.
Cuando expresaba su ánimo, tenía su ruido para cada uno. Y también ponía caras de enfado, disgusto, alegría y picardía, porque era un pillín de "cuidao".
Una vez la PT se enfadó con él, pues no quería trabajar y desobedecía mucho. Tal fue su disgusto porque ella se había enfadado, que estuvo todo el día sin saltar, sin jugar, ni querer hacer nada. Nosotros no entendíamos por qué estaba así, pero ella nos lo contó todo e hizo las paces con él. Se entendían perfectamente y un vínculo muy fuerte los unía.
Llegó al cole con 3 años, y me enseñó lo que es el autismo. Tantas y tantas veces que he hecho ed. física con él, tantos momentos en clase, tantas cosquillas, tanto cogerlo en brazos... me enseñaron a apreciarlo muchísimo, a amar más mi profesión, y a emocionarme con sus logros.