Pues sí, todo lo bueno se acaba. Mi periodo de prácticas en mi colegio de toda la vida llega a su fin. Un tiempo para conocer, para descubrir, para despertar, para perder la voz, para introducirse en la mirada de pequeñas estrellas, para desvelar el misterio de sus sonrisas, para escuchar las risas, las frases y ocurrencias, para hablar con ellos y explicarles lo que está bien y lo que está mal, para consolarlos, tenderles la mano, abrazarlos y susurrarles un "tranquilo, cuéntame qué te pasa", para guiar sus manitas en sus primeros números y letras, para escuchar:
"Profe, ¿y ahora dónde vas?"
"Me voy a la guarde"
"¿Con los bebés?"
"Sí"
"Profe, no te vayas a la guarde"
Para todo esto y mucho más, las prácticas son algo mágico que no se olvida nunca. Yo por lo menos no puedo, y siempre veo a mis 26 tesoritos antes de guiar mis pasos a la guarde.
Terminamos con el día de Andalucía, para el que preparamos nuestras banderas verdiblancas y alzarlas cuando escuchásemos el himno. Después, disfrutamos de nuestro desayuno más andaluz: pan con aceite y azúcar. ummm!!! Y los alumnos de Primaria nos deleitaron con bailes por sevillanas, poesías preciosas sobre las provincias y sus encantos, y los más mayores montaron un tablao flamenco que rebosaba arte por los cuatro costados.
Ahora sé donde me encuentro y que me queda por recorrer, lo que me queda por sufrir y luchar, y lo que me queda por ganar cuando ellos ganen. Lo mismo pasa con mis 22 niños de la guarde, muchos de ellos han evolucionado y he notado sus cambios a la vuelta, ellos ganan en autonomía, en relaciones con los demás y en expresar lo que sienten y necesitan. Yo gano confianza y certeza de que se están haciendo bien las cosas, porque ellos me la dan.
Mis 26 tesoros, siempre dentro de mí, siempre. Os quiero.
Banderas de Andalucía
Animales traídos de casa. Para la unidad didáctica que hicimos






