En mayor o menor medida, eso es así. Y ahora lo tengo más claro que nunca.
Hoy, un grupo de compañer@s y yo quedamos para tomarnos un café, y así aprovechábamos para contarnos las primeras experiencias de las prácticas. Ha habido todo tipo de anécdotas, frases, momentos inusuales y reflexiones. Pero, la que quizás me haya llegado más a lo hondo ha sido la siguiente:
Una de mis compañeras me cuenta que está en un aula con niños de 4 años. Y que en ella hay un pequeño que tiene autismo. Ese niño la tiene ENAMORADA. Y no solo a ella, sino a todas las maestras de Infantil que tienen relación con él. Las palabras que me dijo fueron: "J.M. me encanta. Es que me tiene enamorada. Y claro a mi me llena mucho. Yo siento que me llama a conocer más, a aprender más sobre las diferentes dificultades... no sé, a mi me llena dedicarme a estos niños."
Y en otro momento dijo: "El otro día fuimos a una excursión que, en mi opinión, fue muy lenta para los niños. Y claro, eso a J.M. le chocaba porque no entiende que pasa. Lo cogí y me lo llevé para correr juntos, nos pusimos a jugar con la arena, a revolcarnos por el suelo..."
En sus palabras podía sentir el cariño y el amor que tenía por su niño. Fue algo que me impactó y que me hizo acordarme de aquel pequeño de mi colegio, que me enseñó lo que es el autismo. Cuando supe que tenía autismo me planté en seco: "autismo? qué es eso?". Era la primera vez que oía hablar de él, y empecé a preguntar, a investigar, y sobre todo a tener contacto con él. Poco a poco, supe como reaccionaba, aunque me sentía frustrado por sus rabietas, pues no sabía que hacer... Conocí su agenda visual, los pictos, las estereotipias, las fases por las que pasaba, y comencé a ser testigo de sus logros. Mi peque era el primero que veía al entrar en su clase, era el primero que salía a corretear por los pasillos y se paraba delante de un espejo, era el primero que se ponía un teléfono en la oreja y decía: "ta?", era el primero que se te subía en brazos y esperaba a que le hicieras cosquillas y carantoñas, era el primero que venía a los ensayos de música a escuchar, era el primero que participaba en los juegos de educación física, era el primero de la fila del baile de final de curso, y cuando sonaba la música se movía y bailaba...
Al acabar el curso, yo fui el primero que lloré cuando supe que se marchaba a otro cole, yo soy el primero que le echo de menos cada vez que entro en su clase...
Yo comparto lo mismo que mi compañera, gracias a él, gracias a las mamis y a los niños de la blogosfera. A todos, el autismo nos ha cambiado la vida.
